Hace unos años, se podría decir que era una chica casi con un peso "ideal" según los estándares de belleza actuales: unas piernas delgadas, un vientre casi plano... No entraba en una 34 precisamente, de hecho, solía usar una 38 por mi altura. Y estaba muy orgullosa de ello.
Cuando iba de compras y unos pantalones de la 38 no me entraban, me hacía sentir gorda. GORDA POR NO ENTRAR EN UN 38, POR DIOS. Sí, era un poco estúpida de aquella. Y por lo tanto, me negaba a comprar unos pantalones de la talla 40 aunque me gustasen demasiado. Porque claro, eso era "talla de gorda". Niña ingenua...
Pero por unos motivos y otros fui ganando peso y peso... los pantalones de la 38 dejaron de abrocharme y no me quedó más remedio que usar una 40, cosa que no me hacía demasiada gracia, pero no que quedaba otra.
Hace un año aproximadamente fui de compras, y recuerdo a la perfección ese día. Estaba buscando unos pantalones que había visto en la página oficial de la tienda (no es necesario decir cual) y los encontré. Fui contenta con mi talla 40 a los probadores, ¿y qué pasó? No me subían de la mitad de las piernas...
"No puede ser..." fue lo primero que pensé. Un poco de mala gana, me probé una 42, que conseguí abrochar, aunque un poco justos... "¿Cómo puede ser que hasta la 42 me quede justa?". Pregunté si había una talla más y me dijeron que no, que esa era la más grande. ¿Os imagináis mi autoestima? ¿Que la talla más grande de la tienda me quede justa? Compre de todos modos los pantalones. Los uso a menudo, y me encantan. Aunque sigo sin entender como las tiendas no amplían más el rango de tallas "grandes".
Me miro en el espejo y no considero tener un cuerpo tan "grande" como para no encontrar ropa en una tienda "normal". Aunque mi problema con las tallas no se quedan en los pantalones.
Hace unos años también me ocurría con las camisetas básicas, las normales de tirantes. Bueno, quien sabe porqué, pero yo siempre las compraba talla S. Y las ponía. Sinceramente, estaba ridícula, era una talla demasiado pequeña para mi. Yo necesito una M como mínimo, pero no, me negaba a coger una talla más porque estaba "orgullosa" de usar una S. Estúpido...
Y por último, me ocurrió algo parecido con mi vestido de graduación. Fui directa a por él, ya que en la página oficial de la tienda lo había visto, era barato y me enamoró. Llegué, pedí mi talla 40 y no había por donde entrar. Pedí una talla más, una 42. Y sí, conseguí entrar, pero aquello me apretaba. Yo no daba crédito a lo que estaba viendo...
"No, no quiero una talla más" pensé. Pero un poco a mala gana, accedí, y pedí una 44. Por suerte, tenían, y me lo probé. Me quedaba perfecto. No me hizo mucha gracia comprar una talla "tan grande", pero el vestido me gustaba demasiado, y iba un poco con el tiempo justo para la graduación.
Un día, me dio por comparar mi ropa "nueva" con la que ya tenía unos años, y ¡SORPRESA!: Era poca la diferencia de tamaño con 2 tallas de por medio. Aquello me chocó mucho, ya que podía usar algunos pantalones de incluso una 38 antigua con una 42 nueva.
Con esto último llegué a una conclusión: no hay que dejarse llevar por el número de la talla, ya que cambia con el tiempo, o mismamente de una tienda a otra. Simplemente busca la ropa que te gusta y compra la que mejor se asiente a tu cuerpo, sea una S, una L, o una XXL; una 34, una 38 o una 42.
La ropa tiene que quedarte bien, independientemente de su etiqueta.
martes, 30 de agosto de 2016
lunes, 29 de agosto de 2016
¿En qué momento "gorda" pasó a ser un insulto?
Gorda, delgada, morena, pálida, alta, baja, ancha, estrecha... Todas estas palabras tienen algo en común: son adjetivos que usamos para describir a una persona. Pero... ¿por qué algunas de esas palabras nos ofenden y otras nos alagan?
Vivimos en una sociedad en la que si te dicen "oh, te ves más delgada", nos sentimos muy alagadas. Sin embargo, que a nadie se le ocurra decir "oh, te ves más gorda", porque eso sienta como un puñetazo en la autoestima. ¿Por qué?
"Vaya moreno más guapo has cogido estás vacaciones" es otro de estos ejemplos. Por alguna razón, esto se siente como otro alago. Cuando te dicen lo contrario, que estás muy pálida, te recomiendan que te pongas un poco al sol. ¿Por qué el moreno es sinónimo de belleza ahora?
Otro caso está relacionado con la altura, si eres alta se supone que te ves más sexy, con las piernas largas por ejemplo. Pero si tu altura es menor, oye, deberías de pegar el estirón de una vez, ¿no?
El último caso de los ejemplos que os voy a nombrar va en relación con la forma del cuerpo. Si te dicen que tienes una cinturita estrecha es un cumplido en toda regla, pero que por favor, no te digan que vayas caderas más anchas que te están saliendo, eh. ¿A qué queréis llegar con esto?
No tengo muy claro a base de que la imagen femenina ha cambiado tanto. No hace tanto tiempo, allá por los años 50, la belleza estaba en un tipo de cuerpo distinto. ¿Sabéis de quién hablo? Seguro que os sonará el nombre de Marilyn Monroe. Ella fue un gran símbolo sexual, pero ahora la considerarías "gorda", porque claro, ahora lo que se "lleva" es ser como Megan Fox.
Hace muchos años, ser gorda era sinónimo de riqueza, ya que tenías el privilegio de tener comida todos los días. Y ya no os hablo de ser pálida, porque eso significaba que con tu dinero no necesitabas trabajar, por lo tanto no te daba el sol, lo que producía el que tu piel estuviese blanca. También había personas que utilizaban "trucos" para ser más pálidas. Pero claro, ahora eso "ya no se lleva",
Con todo esto quiero llegar a un fin, y ese fin es una pregunta: ¿En qué momento "gorda" pasó a ser un insulto? ¿Y por qué? Es un puro adjetivo que define tu cuerpo. ¿En qué momento "delgada" se convirtió en un alago? Estamos en lo mismo.
Ni "delgada" debería de ser un alago, ni "gorda" un insulto. Pero oye, que la sociedad así lo quiso. Yo no, yo digo abiertamente que soy gorda, pero me da igual. ¿Qué tiene de malo? No tiene nada de malo.
Vivimos en una sociedad en la que si te dicen "oh, te ves más delgada", nos sentimos muy alagadas. Sin embargo, que a nadie se le ocurra decir "oh, te ves más gorda", porque eso sienta como un puñetazo en la autoestima. ¿Por qué?
"Vaya moreno más guapo has cogido estás vacaciones" es otro de estos ejemplos. Por alguna razón, esto se siente como otro alago. Cuando te dicen lo contrario, que estás muy pálida, te recomiendan que te pongas un poco al sol. ¿Por qué el moreno es sinónimo de belleza ahora?
Otro caso está relacionado con la altura, si eres alta se supone que te ves más sexy, con las piernas largas por ejemplo. Pero si tu altura es menor, oye, deberías de pegar el estirón de una vez, ¿no?
El último caso de los ejemplos que os voy a nombrar va en relación con la forma del cuerpo. Si te dicen que tienes una cinturita estrecha es un cumplido en toda regla, pero que por favor, no te digan que vayas caderas más anchas que te están saliendo, eh. ¿A qué queréis llegar con esto?
No tengo muy claro a base de que la imagen femenina ha cambiado tanto. No hace tanto tiempo, allá por los años 50, la belleza estaba en un tipo de cuerpo distinto. ¿Sabéis de quién hablo? Seguro que os sonará el nombre de Marilyn Monroe. Ella fue un gran símbolo sexual, pero ahora la considerarías "gorda", porque claro, ahora lo que se "lleva" es ser como Megan Fox.
Hace muchos años, ser gorda era sinónimo de riqueza, ya que tenías el privilegio de tener comida todos los días. Y ya no os hablo de ser pálida, porque eso significaba que con tu dinero no necesitabas trabajar, por lo tanto no te daba el sol, lo que producía el que tu piel estuviese blanca. También había personas que utilizaban "trucos" para ser más pálidas. Pero claro, ahora eso "ya no se lleva",
Con todo esto quiero llegar a un fin, y ese fin es una pregunta: ¿En qué momento "gorda" pasó a ser un insulto? ¿Y por qué? Es un puro adjetivo que define tu cuerpo. ¿En qué momento "delgada" se convirtió en un alago? Estamos en lo mismo.
Ni "delgada" debería de ser un alago, ni "gorda" un insulto. Pero oye, que la sociedad así lo quiso. Yo no, yo digo abiertamente que soy gorda, pero me da igual. ¿Qué tiene de malo? No tiene nada de malo.
domingo, 28 de agosto de 2016
#SoyFeministaPorque
- No es justo que cada vez que salga de casa tenga miedo por lo que puedan hacerme si voy sola, sobretodo de noche.
- Mi cuerpo, mis normas.
- Las mujeres son violadas y todavía les echan la culpa a ellas por "provocar".
- El maltrato es maltrato, no una muestra de amor.
- Necesitamos igualdad, tanto en la vida social como laboral, en los deportes, etc.
- No eres mejor que yo porque tengas pene.
- Vivo en un mundo donde enseñan a las mujeres a no ser violadas en lugar de enseñar a los hombres a no violar.
- Caminando sola por la noche quiero ser libre, no valiente.
- A lo que tú llamas "piropo" es acoso. Porque muchas veces el acoso, es violación. Basta.
- Estoy cansada de sentirme inferior. De que el patriarcado me limite, de sentirme insegura, a ser juzgada por ser mujer
- No me creo que a día de hoy aún tenga más valor mi físico que mi inteligencia o mis habilidades.
- Queremos ser escuchadas cuando sufrimos agresiones, no ser tachadas de "exageradas" o de "victimistas".
Todo esto y un largo etcétera...
¿De verdad hay que dar explicaciones por las que la igualdad debería de ser un hecho?
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sábado, 27 de agosto de 2016
¿A qué llamáis "cuerpos reales"?
Como todos sabemos, hasta hace muy poco tiempo, en todas las revistas, en todos los anuncios, siempre aparecía un prototipo de mujer "perfecta" que llamaba la atención. Siempre ellas eran altas, delgadas y guapas. Nunca encontrarías una modelo con unos kilos de más, porque aquello no era bonito.
Hace relativamente poco tiempo, se empezó con una campaña con la que las modelos dejaban de ser tan delgadas y mostraban "cuerpos reales", personas con unos kilos encima. Y todo el mundo se lo tomó bien, yo incluida. Creí que sería algo muy positivo, y lo fue, por un tiempo.
La idea innovadora de mostrar otro tipo de cuerpos en revistas fue un boom. Pero si alguna revista seguía mostrando la misma mujer "perfecta" de antes, la tachaban, decían "eso no son mujeres reales, dejad de ponerle tanto photoshop a las mujeres de vuestras portadas" y cosas por el estilo. Y en parte no les faltaba razón.
Ha habido casos en la que una misma modelo ha protestado por "deformar" su cuerpo, haciéndola parecer una cosa que no es.
¿A donde quiero llegar a parar con esto? Pues es sencillo. Tenéis una idea distorsionada de "cuerpos reales".
Es cierto que el Photoshop abunda en la mayoría de revistas. Pero por ello una mujer delgada no deja de ser real.
Hay personas que tienen una constitución y un metabolismo que les permite ser delgadas y no engordar. Que pueden comerte 20 hamburguesas y seguir entrando en una 34, por ejemplo. Y no por ello son "menos reales".
Ellas son tan reales como las que comemos un trozo de pastel y ya parece que hemos subido 2 tallas.
Ellas son tan reales como las que tenemos las tetas caídas, o las que tenemos una barriga prominente, o unas piernas que se rozan al caminar.
Ellas son tan reales como las que tenemos estrías y la piel estirada.
Ellas son tan reales como las que se machacan en el gimnasio cada día para conseguir estar en forma.
Ellas son tan reales como tú y como yo.
Así que dejemos de decir que no son "cuerpos reales". Todo cuerpo es real. Seas delgada, normal, o gorda; más o menos atlética. Es como decir que eres menos real si eres rubia que morena, una estupidez.
Todas tenemos cuerpos reales.
Y que conste, que este post sirve tanto para mujeres como hombres, aunque me haya centrado más en el ámbito que a mi me toca vivir.
Hace relativamente poco tiempo, se empezó con una campaña con la que las modelos dejaban de ser tan delgadas y mostraban "cuerpos reales", personas con unos kilos encima. Y todo el mundo se lo tomó bien, yo incluida. Creí que sería algo muy positivo, y lo fue, por un tiempo.
La idea innovadora de mostrar otro tipo de cuerpos en revistas fue un boom. Pero si alguna revista seguía mostrando la misma mujer "perfecta" de antes, la tachaban, decían "eso no son mujeres reales, dejad de ponerle tanto photoshop a las mujeres de vuestras portadas" y cosas por el estilo. Y en parte no les faltaba razón.
Ha habido casos en la que una misma modelo ha protestado por "deformar" su cuerpo, haciéndola parecer una cosa que no es.
¿A donde quiero llegar a parar con esto? Pues es sencillo. Tenéis una idea distorsionada de "cuerpos reales".
Es cierto que el Photoshop abunda en la mayoría de revistas. Pero por ello una mujer delgada no deja de ser real.
Hay personas que tienen una constitución y un metabolismo que les permite ser delgadas y no engordar. Que pueden comerte 20 hamburguesas y seguir entrando en una 34, por ejemplo. Y no por ello son "menos reales".
Ellas son tan reales como las que comemos un trozo de pastel y ya parece que hemos subido 2 tallas.
Ellas son tan reales como las que tenemos las tetas caídas, o las que tenemos una barriga prominente, o unas piernas que se rozan al caminar.
Ellas son tan reales como las que tenemos estrías y la piel estirada.
Ellas son tan reales como las que se machacan en el gimnasio cada día para conseguir estar en forma.
Ellas son tan reales como tú y como yo.
Así que dejemos de decir que no son "cuerpos reales". Todo cuerpo es real. Seas delgada, normal, o gorda; más o menos atlética. Es como decir que eres menos real si eres rubia que morena, una estupidez.
Todas tenemos cuerpos reales.
Y que conste, que este post sirve tanto para mujeres como hombres, aunque me haya centrado más en el ámbito que a mi me toca vivir.
No hables con tu hija sobre su cuerpo, salvo para enseñarle cómo funciona
No le digas nada si ha perdido peso. No le digas nada si ha subido de peso. Si crees que el cuerpo de tu hija se ve genial, no lo digas. He aquí algunas cosas que puedes decirle en su lugar:
"¡Te ves muy saludable!", es una muy buena opción.
¿O qué tal: “Te ves muy fuerte”?. O: “Se nota que eres feliz eres: brillas”. Mejor aún: halaga algo en ella que no tenga nada que ver con su cuerpo.
Tampoco hagas comentarios sobre el cuerpo de otras mujeres. No. Ni uno solo; ni positivo ni negativo. Enséñale a ser amable con los otros, pero también a ser amable consigo misma.
No te atrevas a hablar sobre cuánto odias tu cuerpo frente a tu hija, o a hablar sobre tu nueva dieta. Mejor aún, no hagas dieta frente a tu hija. Compra comida saludable. Prepara comidas saludables. Pero no digas “por ahora no estoy comiendo carbohidratos”. Tu hija no debe de pensar que los carbohidratos son malos, porque sentir vergüenza por lo que comes solo se traduce en sentir vergüenza de ti misma.
Anima a tu hija a correr porque eso la hace sentirse menos estresada. Anímala a subir montañas porque no hay ningún lugar mejor para explorar su espiritualidad que la cima del universo. Anímala a surfear, a escalar paredes o a andar en bicicleta de montaña porque la atemoriza, y eso a veces es algo bueno.
Ayuda a tu hija a amar el fútbol, a remar o el hockey, porque los deportes hacen de ella una mejor líder y una mujer más segura de sí misma. Explícale que no importa qué edad tenga, nunca dejará de necesitar saber jugar bien en equipo. Nunca le hagas jugar o practicar un deporte que no adore por completo.
Demuéstrale que las mujeres no necesitan de un hombre para mover muebles. Enséñale a cocinar. Herédale la receta de tu mamá de ese pastel de café de Navidad. Herédale tu amor por pasar tiempo al aire libre.
Quizá tú y tu hija tengan muslos gruesos o una caja torácica ancha. Es fácil odiar estas partes del cuerpo tan lejos de la talla cero. No lo hagas. Dile a tu hija que, si quiere, con sus piernas puede correr un maratón, y que su tórax no es otra cosa que un buen estuche para cargar unos pulmones fuertes. Puede gritar, puede cantar y puede levantar el mundo, si quiere.
Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo para mover su hermosa alma.
"¡Te ves muy saludable!", es una muy buena opción.
¿O qué tal: “Te ves muy fuerte”?. O: “Se nota que eres feliz eres: brillas”. Mejor aún: halaga algo en ella que no tenga nada que ver con su cuerpo.
Tampoco hagas comentarios sobre el cuerpo de otras mujeres. No. Ni uno solo; ni positivo ni negativo. Enséñale a ser amable con los otros, pero también a ser amable consigo misma.
No te atrevas a hablar sobre cuánto odias tu cuerpo frente a tu hija, o a hablar sobre tu nueva dieta. Mejor aún, no hagas dieta frente a tu hija. Compra comida saludable. Prepara comidas saludables. Pero no digas “por ahora no estoy comiendo carbohidratos”. Tu hija no debe de pensar que los carbohidratos son malos, porque sentir vergüenza por lo que comes solo se traduce en sentir vergüenza de ti misma.
Anima a tu hija a correr porque eso la hace sentirse menos estresada. Anímala a subir montañas porque no hay ningún lugar mejor para explorar su espiritualidad que la cima del universo. Anímala a surfear, a escalar paredes o a andar en bicicleta de montaña porque la atemoriza, y eso a veces es algo bueno.
Ayuda a tu hija a amar el fútbol, a remar o el hockey, porque los deportes hacen de ella una mejor líder y una mujer más segura de sí misma. Explícale que no importa qué edad tenga, nunca dejará de necesitar saber jugar bien en equipo. Nunca le hagas jugar o practicar un deporte que no adore por completo.
Demuéstrale que las mujeres no necesitan de un hombre para mover muebles. Enséñale a cocinar. Herédale la receta de tu mamá de ese pastel de café de Navidad. Herédale tu amor por pasar tiempo al aire libre.
Quizá tú y tu hija tengan muslos gruesos o una caja torácica ancha. Es fácil odiar estas partes del cuerpo tan lejos de la talla cero. No lo hagas. Dile a tu hija que, si quiere, con sus piernas puede correr un maratón, y que su tórax no es otra cosa que un buen estuche para cargar unos pulmones fuertes. Puede gritar, puede cantar y puede levantar el mundo, si quiere.
Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo para mover su hermosa alma.
Siente el tiempo
Es una tarde lluviosa. Estás en casa, sentada en la mesa, apoyando la cabeza en la ventana viendo cada gota caer desde el cielo hasta el suelo. Tienes la música alta, pues te hace evadir de tus pensamientos. Solo miras, observas como llueve. Te gusta ver llover, pues sientes que el mundo representa tu interior. Cada una de tus lágrimas es una gota de agua que cae hasta el suelo. Cada uno de tus gritos interiores es un trueno en las nubes.
Te identificas con el tiempo. El mundo muestra como eres de alguna manera. Es extraño, ¿verdad? Identificarse con algo tan simple como la lluvia. Pues así es. Ves que para que llover, y entre las nubes sale el sol. Como cuando después de llorar, paras, y sientes que ya pasó. Esa sensación de tranquilidad. Unos minutos más tarde, vuelve a llover, pero el sol aún sigue ahí. Como cuando tú estás destrozada pero aún así sonríes. Dime... ¿no es una locura? Como si el mundo tuviese sentimientos. Su manera de representar su dolor, sus emociones, sus sentimientos, a traves de una lluvia fuerte, o un sol intenso. Puede que sea una locura, o que yo esté tan loca como para pensar así...
Te identificas con el tiempo. El mundo muestra como eres de alguna manera. Es extraño, ¿verdad? Identificarse con algo tan simple como la lluvia. Pues así es. Ves que para que llover, y entre las nubes sale el sol. Como cuando después de llorar, paras, y sientes que ya pasó. Esa sensación de tranquilidad. Unos minutos más tarde, vuelve a llover, pero el sol aún sigue ahí. Como cuando tú estás destrozada pero aún así sonríes. Dime... ¿no es una locura? Como si el mundo tuviese sentimientos. Su manera de representar su dolor, sus emociones, sus sentimientos, a traves de una lluvia fuerte, o un sol intenso. Puede que sea una locura, o que yo esté tan loca como para pensar así...
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¿Vale la pena perder la cabeza por verte mejor físicamente?
Es una pregunta que durante años he tenido en mente, y si algo he sacado en claro es que uno no pierde la cabeza por caber en unos pantalones.
Tenemos miedo al rechazo, miedo a seguir sufriendo, miedo a no ser suficiente, miedo a que se vuelvan a reír de ti. Miedo a no encajar. Miedo a comentarios que hacen muchísimo daño incluso de las personas que más quieres.
La rabia que llevas dentro no sale con fuerza y le explota en la cara a quien carece de escrúpulos para insultar, golpear o humillar a otro ser humano. Tu propia rabia te explota en las manos, te golpea, el odio que tienes hacia el mundo lo diriges hacia ti y tú pasas de ser la víctima a ser el culpable y tu propio verdugo.
Pierdes el control de tus pensamientos, nada te satisface, necesitas más destrucción, muchas personas te dan la espalda o tú se la das a quienes tratan de ayudarte.Llegas a un punto en el que eres plenamente consciente de que todo se está yendo a la mierda.
Más allá de la razón, más allá la familia, amistad, terapeuta, medicación, creencia, más allá de todo eso estás tú y tu instinto, Cansado, herido, sin fuerzas, ni lágrimas te quedan, tu instinto te empuja a luchar.
Cuando peleas puedes ganar o puedes perder, el resultado depende de ti, de las personas que te puedan ayudar en esta lucha, de las personas que tú permitas que te ayuden.
Hay quienes pierden la lucha, y desde aquí todos mis respetos, solo quisieron ser mejores, cumplir sueños, sentirse queridos, vivir una vida como la que cualquiera se imagina cuando es pequeño.
Esta historia no va de entrar en unos pantalones que ahora se te caen. Esta historia va de personas que no dormían esperando los regalos de navidad, de personas que reían, jugaban, personas que como tú en las nubes vieron formas de animales, y la luna los seguía por la noche. Personas que odiaban que les regalaran ropa y lloraban de emoción cuando les regalaban el juguete que querían. Personas como tú, como yo. Son unos hipócritas que dejan heridas que no sienten, que no les duelen, que no las sufren.
Tenemos miedo al rechazo, miedo a seguir sufriendo, miedo a no ser suficiente, miedo a que se vuelvan a reír de ti. Miedo a no encajar. Miedo a comentarios que hacen muchísimo daño incluso de las personas que más quieres.
La rabia que llevas dentro no sale con fuerza y le explota en la cara a quien carece de escrúpulos para insultar, golpear o humillar a otro ser humano. Tu propia rabia te explota en las manos, te golpea, el odio que tienes hacia el mundo lo diriges hacia ti y tú pasas de ser la víctima a ser el culpable y tu propio verdugo.
Pierdes el control de tus pensamientos, nada te satisface, necesitas más destrucción, muchas personas te dan la espalda o tú se la das a quienes tratan de ayudarte.Llegas a un punto en el que eres plenamente consciente de que todo se está yendo a la mierda.
Más allá de la razón, más allá la familia, amistad, terapeuta, medicación, creencia, más allá de todo eso estás tú y tu instinto, Cansado, herido, sin fuerzas, ni lágrimas te quedan, tu instinto te empuja a luchar.
Cuando peleas puedes ganar o puedes perder, el resultado depende de ti, de las personas que te puedan ayudar en esta lucha, de las personas que tú permitas que te ayuden.
Hay quienes pierden la lucha, y desde aquí todos mis respetos, solo quisieron ser mejores, cumplir sueños, sentirse queridos, vivir una vida como la que cualquiera se imagina cuando es pequeño.
Esta historia no va de entrar en unos pantalones que ahora se te caen. Esta historia va de personas que no dormían esperando los regalos de navidad, de personas que reían, jugaban, personas que como tú en las nubes vieron formas de animales, y la luna los seguía por la noche. Personas que odiaban que les regalaran ropa y lloraban de emoción cuando les regalaban el juguete que querían. Personas como tú, como yo. Son unos hipócritas que dejan heridas que no sienten, que no les duelen, que no las sufren.
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